Cartas oceánicas

Un equipo, una familia y una casa para ‘Chicharito’

Cuando un estadio es derribado las sensaciones se confunden con escombros: polvo, madera, acero, piedra, goles, cantos, noches, victorias, derrotas. Entre ruinas, el aficionado recoge sus recuerdos y se los lleva a casa. El boom inmobiliario dinamitó los viejos colosos de barrio. Uno de los últimos en caer fue el célebre Boleyn Ground, casa del West Ham durante 112 años, al que sus aficionados decidieron dar el nombre de Upton Park. A los vecinos del Boleyn les quedan cuatro amigos en la zona, a contra esquina del solar donde se levantaba Upton, permanecen Bobby Moore, Geoff Hurst, Martin Peters y Ray Wilson. Serenos, uniformados, uno al lado del otro, rematados en bronce y levantando la Jules Rimet; "The Champions", una escultura conmemorativa de cuatro jugadores campeones del mundo con Inglaterra en 1966, vigilan las calles. The Champions sigue rodeada de aquella vida en el este de Londres que alguna vez acogió al West Ham: entre Central Park, Barking y Boundary Road, la acompañan una librería, un puesto de periódicos, un supermercado, la peluquería de Toyin, la floristería de Newham, un café internet, un cine, una cocina oriental, un puesto de kebab, la iglesia de Saint Martin y la mítica The Boleyn Tavern, taberna donde los Hammers se reunían a beber cerveza. Cientos de personas se manifestaron hace unos meses en el barrio para evitar que Moore, Hurst, Peters y Wilson, se mudaran con el equipo al Estadio Olímpico de Londres en Stratford. Tres de los cuatro futbolistas, Moore, Hurst y Peters, jugaban para el West Ham en el Mundial del 66; fue Hurst, autor del gol fantasma y dos anotaciones más, la figura de aquella final contra Alemania. Chicharito encontró otro gran un equipo, una buena familia y un nuevo hogar.

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