Cartas oceánicas

El efecto samba

En sus últimos 10 torneos la Copa Libertadores fue dominada por Brasil con estupenda indiferencia. Entre 2004 y 2013 cinco clubes brasileños salieron campeones: Sao Paulo, Internacional -dos veces-, Santos, Corinthians y Atlético Mineiro. En los mismos años, cinco clubes brasileños terminaron subcampeones: Atlético Paranaense, Sao Paulo, Gremio, Fluminense y Cruzeiro. Llegó a parecer que los clubes brasileños impulsados por el milagro económico, no necesitarían volver a vender futbolistas para vivir. Al contrario, la repatriación, contratación, patrocinio e inversión en jugadores de futbol para el mercado local vivió sus mejores años. Brasil empezó a mirar de reojo a favelas y playas, sus tesoros enterrados. El futbol como reflejo social, no ha encontrado todavía mejor lugar para explicar esa teoría como en Brasil. Los clubes brasileños en efecto, fueron otra causa del milagro económico. De la misma forma que años antes habían sido una consecuencia de las reiteradas crisis, obligados a reinventarse con instinto de supervivencia. En 2014 seis clubes arrancaron el torneo: Atlético Mineiro, Cruzeiro, Flamengo, Gremio, Atlético Paranaense y Botafogo; por primera vez en 23 años, ningún brasileño llega a semifinales de Libertadores. El hecho, junto a las pintorescas protestas de jugadores sentados en el campo, cruzados de brazos o tocando la pelota entre rivales en plenos partidos del último Brasileirao, los descensos de históricos como Vasco y Fluminense, salvado por el escándalo de Portuguesa y las ya clásicas manifestaciones civiles contra la organización de Brasil 2014, completan el dramático cuadro del futbol brasileño, sumido en su peor crisis deportiva, económica y social a días de arrancar el Mundial.

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