Cartas oceánicas

Un partido más

Partido a partido, Diego Simeone volvió un mantra aquella frase y lleva 320 noches igual: partido a partido, ni un paso al frente, ni uno atrás. Como un mazo en la mente de sus jugadores y un electro en el corazón de sus aficionados, el técnico del cabalístico traje negro consiguió hacer de la paciencia y el sacrificio una seña de identidad convenciendo a todos los integrantes de su Club. Alinear directivos, jugadores, cuerpo técnico y afición, es una tarea descomunal: se consigue con una idea, se ejecuta con personalidad y se justifica con títulos; pero ante todo, se defiende como la fe. Ningún equipo en los últimos años fue tan disciplinado en la defensa de un estilo y tuvo tanta fe como el Atlético de Madrid. Con esa convicción que adhiere voluntades religiosamente, Simeone ha firmado una extensión de contrato hasta el año 2020, fecha en la que cumplirá nueve dirigiendo al mismo equipo. Una marca que solo es superada por el metódico Arsène Wenger, técnico corporativo del Arsenal. El sello de Simeone, impreso en toda una generación, hace imposible imaginar un Atlético jugando de otra forma. A esto en el deporte se le llama cultura, una manera de entender la vida más allá de un juego común. Hay equipos con orden, otros con estilo y muy pocos con cultura. Esta dimensión se alcanza cuando una organización entera camina sin titubeos en la misma dirección. En el futbol suele confundirse la industrialización con la civilización, aunque en Ligas muy desarrolladas no puede entenderse una sin la otra, se llega a concebir el deporte como industria una vez que se han fundado y respetado las instituciones civiles que le dan empaque. Simeone es la institución: apenas puede distinguirse si el Atlético es de Madrid, o de Simeone.   

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