Cartas oceánicas

Esos días en otoño

Como un despertador, el mercado norteamericano programa el cierre de la MLB con su Serie Mundial, la misma noche que la NBA inaugura su temporada y en paralelo, la NFL avanza camino al Super Bowl: el santuario comercial de los Estados Unidos. Beisbol, basquetbol y futbol americano, son organizaciones que se escriben, se venden y se pronuncian con mayúsculas: MLB, NBA y NFL. En pocos días, los principales ejes del patrocinio, el marketing y la televisión estadunidense, coinciden en el tiempo, conviven con la audiencia y compiten por inversión. Millones de fanáticos y millones de dólares, confirman que el deporte bien estructurado, es una de las industrias más sólidas de nuestra era. Sirvan estos singulares días de otoño, para reflexionar sobre la perspectiva comercial que enfrenta la nueva estructura de la FIFA. Otra organización deportiva escrita con mayúsculas, pero reducida a intereses particulares. El futbol, de padres europeos, madres latinas y herederos universales, sigue sin establecer una cultura unificada de consumo y desarrollo. Modifica sus calendarios, manipula sus instituciones, infla los precios, trafica con derechos y explota a sus jugadores con fechas de clubes y selección: pertenece a todos lados. En efecto, representa una cultura distinta al imponente y disciplinado negocio deportivo de los Estados Unidos. Si el futbol no termina de convencer a los consumidores mas exigentes del mundo, es por sus leyes de mercado, y no por sus reglas de juego. Hoy, que Gianni Infantino y Michael Van Praag -los menos malos- son firmes candidatos a presidir FIFA y UEFA, el futbol debería meditar si vale la pena elegir un presidente, o contratar un Alto Comisionado al estilo MLB, NBA y NFL. La decisión no es minúscula. 

 

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