Cartas oceánicas

El derecho de nacer

Con 24 años, Álvaro Morata ha sido suplente Campeón de Europa en Lisboa con Real Madrid; verdugo de Real Madrid en una semifinal de Champions marcándole dos goles como titular para Juventus; representante de la cantera de Real Madrid en la Final Juventus vs Barça en Berlín; y otra vez, será suplente de Real Madrid en la Final que el 3 de junio le enfrentará con la Juve en Cardiff. Su breve trayectoria está trufada de goles, momentos y méritos para ser figura en cualquier equipo de Europa; sin embargo, en plenitud de facultades y con un enorme futuro por delante, para el Real Madrid, su padre futbolístico, sigue siendo un buen suplente. Como pocos futbolistas en su equipo, Morata encarna la lealtad infantil a unos colores, relación que no ha encontrado reciprocidad por parte de su club. De haber continuado con la Juve, el atacante madrileño estaría en camino de su segunda final europea como estelar, y con toda seguridad, sería el objetivo de la prensa mundial junto a Cristiano Ronaldo durante las próximas semanas. Contrario a eso, ha pasado al tercer o cuarto plano en el horizonte del partido: por delante suyo se colocan Cristiano, Benzema, Bale y Paulo Dybala, su sustituto en la Juve, al que Real Madrid busca para reforzar su ataque la próxima campaña, desde luego, sin acordarse de Morata una vez más. La distribución del talento a estos niveles, confirma lo justas que resultan las ligas estadunidenses con sus sistemas de transferencias y reclutamiento. El futbol europeo, sin importar el lugar tan dominante que ocupa en el mercado mundial, no está exento de seguir provocando una mayor desigualdad aún entre clubes de primera clase. El caso Morata sirve para entender lo doloroso que puede resultar ser parido por Real Madrid.

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