Cartas oceánicas

La costilla es de Guardiola, el balón de Messi

No se puede mejorar el arte, evoluciona la técnica, sus herramientas, los materiales, pero el arte en sí, es intocable, imperecedero y admirable. Aquel equipo que diseñó Guardiola y transformó el futbol de nuestra época, no puede vencer a su entrenador ni retirarle sus derechos de socio, aficionado, jugador y desde luego, de autor. El entrenador tampoco tiene derechos para trasladar el monumento a otro sitio ni replicar las condiciones porque éstas fueron exactas. Coincidieron una vez por cada vida y lo hicieron dentro del Camp Nou. El Barça de Guardiola, Messi, Xavi, Iniesta y Puyol, no vive. Su recuerdo, eso sí, cobrará importancia mientras envejezcan. Basta con ver la nostalgia que causa Xavi en una banca o la soledad que el viejo Puyol transmite. El regreso de Guardiola al Camp Nou cara a cara con su creación, plantea un reto al tiempo. Este Barça no juega como aquel y aquel Barça jamás se parecerá a este Bayern. En los tres equipos la influencia de Guardiola es máxima, dio su costilla. Pero la única constante además del balón, es Messi. El futbolista fue el origen, la metamorfosis hacia un juego más enérgico y si es capaz de liderar tres títulos, venciendo al Bayern de Guardiola, último requisito legal, será el único que habrá empezado a derrotar a aquel equipo legendario haciéndonos su recuerdo más opaco, con un futbol menos afectivo. A pesar de los campeonatos de Liga, Copa y Champions, que pueden funcionar como veredicto, el futbol nunca se repite. De la misma forma que Luis Enrique mantuvo las líneas maestras que Guardiola se llevó al Bayern, ninguno ha podido alcanzar las sensaciones que causaba el Barça. Llegados a este punto, Messi no derrota a Guardiola, continúa su obra.  

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