Cartas oceánicas

Libertadores de América

La Copa Libertadores es y será, el torneo más importante del continente. Otra cosa es que sea organizada por una confederación incapaz de desarrollar mecanismos que incluyan al futbol en una verdadera economía de mercado. Los últimos acontecimientos mundiales, el nuevo y amenazante orden global, los movimientos políticos y la presión a la que serán sometidos los tratados, obligan a cualquier organización latinoamericana a pensar en bloque. El incierto horizonte que se presenta, no parece amedrentar a los directivos de Conmebol: empeñados en creer que sus clubes pueden sobrevivir sin pensar en la existencia de otras Ligas, el valor de otros escenarios comerciales y la necesaria inclusión de nuevos modelos de crecimiento. La Libertadores, aunque pequeña frente a los retos continentales, debería funcionar como respuesta histórica. Si el futbol, uno de los canales más nobles de identificación que tenemos entre latinoamericanos no puede ofrecer una idea de colaboración entre países, entonces va a ser complicado crear un frente común ante los desafíos. Es una tristeza que los hombres que dirigen el futbol en Sudamérica, no hayan visto la oportunidad que se presenta para mandar un mensaje de unidad. Es verdad que la mayoría de los clubes mexicanos que han participado en Libertadores tampoco dieron al torneo la importancia que debían, pero será difícil negar que jugar un campeonato que involucra a los mejores equipos del continente, es lo mejor que les había pasado a nivel internacional. Latinoamérica, acostumbrada a mirar al norte, tiene ante ella un panorama inusual: construir un mercado cada vez más sólido, unido y solidario. La Copa Libertadores es solo un ejemplo de lo que su gente podría lograr si se decide a trabajar en bloque.

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