Cartas oceánicas

El espíritu de Columbus

La noche ofrece una oportunidad inmejorable para reconciliarse con Juan Carlos Osorio. El partido, rodeado de un ambiente único, requiere la intervención de un técnico que además de alinear un cuadro, lleve al interior del equipo un mensaje cautivador.

Hasta ahora no se detectan síntomas de descomposición en el grupo de futbolistas que han integrado la selección, no existe por lo tanto, la necesidad de unir o convencer a nadie, pero este tipo de noches, nubladas y solitarias, como la que vivirá México en Columbus, suelen transformar a los grupos en equipos y a los equipos en hermandades.

Nada fortalece más que un lugar para salir adelante, con el tiempo esos lugares y la historia que allí ocurrió, se convierten en fecha. La selección mexicana dirigida por Osorio debe apuntar ésta como su fecha: aquella noche en Columbus que cambió las cosas, diremos.

El futbol, como los grandes deportes de conjunto, tiene la capacidad de asociar voluntades, mirar 11 futbolistas persiguiendo una causa es uno de los grandes motivos que los aficionados encontramos para seguirlos. Antes que el estilo o las virtudes técnicas, el espíritu de un equipo es lo que provoca verdadera adhesión.

Estamos empeñados en que la selección nacional, cuestionada en los últimos meses por diversas razones deportivas, funcione; cuando en realidad lo que necesita y esperamos todos que suceda, es que sienta. Este equipo apenas ha tenido oportunidades para sentirse.

La de hoy es una noche envuelta en una serie de circunstancias que sirven para malinterpretar el juego, pero por otro lado, ayudan a manifestar esas sensaciones que Juan Carlos Osorio no ha podido revelar. México debe encontrar su espíritu en Columbus.

josefgq@gmail.com