Cartas oceánicas

El ciclismo como índice de desarrollo

El Tour de Francia arrancó en Holanda, un país con más bicicletas que habitantes: 1.2 por holandés. Pocos deportes ofrecen tantos beneficios a los ciudadanos. La bicicleta es un medio de transporte, una herramienta de trabajo, una compañera de viaje y un sistema de competición. Todo en uno, el ciclismo empieza en el cartero y termina en el campeón del Tour. Un ejercicio universal y accesible, sin embargo, la brecha del ciclismo con cualquier otro deporte profesional, es de las mayores en Latinoamérica. Este año, 7 de los 219 corredores del Tour son latinoamericanos: un argentino y seis heroicos escaladores colombianos. Solo la arraigada cultura ciclista colombiana, ha podido competir con las grandes potencias. En Colombia la bicicleta es parte de la familia. Ese respeto casi sagrado por los ciclistas, ha logrado que superen el miedo en ciudades, carreteras o montañas, resistan a la inseguridad y sobrevivan sin apoyos oficiales. México replica todos los condicionantes colombianos: entorno natural, topográfico, económico, político, social y un código genético similar. Somos países hermanos, pero desde épocas de Raúl Alcalá o Miguel Arroyo, no hay mexicanos destacados en el Tour, y en pista, Belem Guerrero puso ruedas a su abandono y soledad fugándose del deporte federal. No falta afición porque en aquella Ruta México de los noventa, comunidades, pueblos y ciudades, se volcaban con los ciclistas en el recorrido. El ciclismo, como ningún deporte, es un índice que mide el desarrollo en seguridad, salud, medio ambiente, educación, infraestructura, energía, comunicaciones y transportes; factores básicos para practicarlo y promoverlo. Con cada Tour de Francia, podemos evaluar la competencia de nuestros gobernantes.  

 

josefgq@gmail.com