Cartas oceánicas

El capricho de Miguel Herrera

Carlos Kameni recibió una herencia del inolvidable Thomas N’Kono, primer portero africano en jugar en Europa. Aquella figura ochentera de selvático reflejo, fue durante muchos años el gran tópico del futbol africano. La explosión de Camerún en el 82’ hizo que el mundo se fijara en esos jugadores que cubrían sus posiciones con un despliegue físico nunca visto. La portería, un puesto muy tradicional, creyó haber descubierto el nuevo genoma del guardameta. Se pensó que de N’Kono descenderían todos y de inmediato apareció Jacques Songo’o, también camerunés. Pero ahí terminó el experimento. N’Kono no era bueno por ser africano, era bueno porque era Thomas N’Kono. Hasta que llegamos a Carlos Kameni, un portero cumplidor y nada más. Ni siquiera jugó el Mundial, el torneo que endiosó a Guillermo Ochoa. Más veterano que suplente, Kameni encontró muy tarde la mejor etapa de su carrera. Eso que Miguel Herrera llama capricho, tiene una explicación razonable. Ochoa no juega porque Kameni en 990 minutos ha recibido 9 goles y detenido 24 claras. Es junto a Claudio Bravo (5) y Diego Alves (6), el menos goleado de la campaña. Su buen momento se extiende en el tiempo. A estas alturas de Liga Willy Caballero, una leyenda del Club, había recibido 14 goles en los mismos minutos. El porcentaje de Kameni es el mejor en la historia del Málaga: un gol cada 99 minutos. Con cinco victorias en fila el Málaga está en racha. No hay motivos para dudar de su titularidad. La única forma de sacarlo del cuadro es en camilla. El futbol es así. Herrera tuvo su capricho alineando a Ochoa en el Mundial y al final le llamamos acierto. Tenía razón. Lo mismo sucede con el técnico del Málaga, se la jugó con Kameni. Es su capricho, es su amuleto.  

 

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