Cartas oceánicas

"Canelo", y la pérdida de exclusividad

Títulos al margen, la carrera de JC Chávez tuvo la fortuna de coincidir con el estallido del formato pago por evento en televisión, aquella exclusividad que rodeaba la transmisión de sus peleas, lo convirtieron en el producto más exitoso en la historia de los sistemas de cable en México. Su crepuscular pelea contra Camacho, logró vender miles subscripciones hogar por hogar, y abarrotar los bares y restaurantes de todas las ciudades como ningún otro evento deportivo lo había conseguido en nuestro país. Aquella no fue la mejor pelea en la carrera de Julio, mucho menos en la del Macho, pero el fenómeno estaba claro, pagar miles de pesos por una estrella arrebatada a las calles, provocaba que el espectáculo fuera un anhelo: el deporte más popular era el más difícil de mirar. De Tepito a Polanco o de Tijuana a Tapachula, Chávez consiguió paralizar México varias noches a lo largo de su brillante carrera. Sus peleas unían, con Julio siempre hubo unanimidad. A Saúl Álvarez le ha correspondido una época muy distinta en la que el boxeo migra del pago por evento a la televisión abierta, y va del directo al diferido la misma noche en diferentes cadenas nacionales. Si a esta cobertura agregamos el dinamismo de los servicios y medios on-line, podemos concluir que ningún peleador mexicano ha gozado de tanta exposición como el célebre Canelo. Las audiencias que registran sus peleas y su multiplicación portátil a través de las redes sociales, superan en millones de impactos cualquier combate del legendario JC Chávez. Álvarez es el boxeador más visto de todos los tiempos, sin embargo, la huella que Chávez dejó en la afición, con el tiempo se vuelve más grande. Es ilógico, pero la popularidad de un boxeador depende de su exclusividad. 

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