Cartas oceánicas

La camiseta como cobijo

Cuando el intrépido Eibar ascendió a Primera División no tenía estadio reglamentario, dinero para jugadores, ni contrato de televisión; subiendo se tiró al vacío. Se dejó caer desde una Liga millonaria hasta una población con 27 mil habitantes que colmaba un milagroso campo para 6 mil. Aquella ciudad pequeñita recibió un equipo caído del cielo. Viví de cerca el ascenso en Ipurúa y su proceso de conservación, desde entonces, cada vez que reviso la tabla general del campeonato español, miro la posición que ocupa el Eibar; ese lugar simboliza el valor social del futbol antiguo, dentro del fenómeno comercial del futbol moderno. De todos los apoyos que le ayudaron a subsistir, hubo uno que representaba el romanticismo de este club como ninguno: Hierros Servando SL; y su tradicional gestión financiera de suma y resta, patrocinaba su camiseta con el honor de una ciudad dedicada a la antigua armería y su posterior vocación ferretera. Servando el ferretero, competía con dinero de su bolsillo frente a los grandes capitales de Fly Emirates o Qatar Airways, impresos en las camisetas de Real Madrid y Barcelona. Con una inversión de 120 mil euros anuales, el patrocinador hizo acopio de valor y permitió al Eibar respirar. La afición con su entregada participación en la compra de abonos anuales para ampliar las tribunas del estadio, hizo el resto. La primera temporada en la Liga terminó décimo octavo, la segunda décimo cuarto y la pasada décimo. Es uno de los equipos más pequeños, en una de las Ligas más grandes del mundo. Su espíritu comarcal, basado en la solidaridad civil y comercial, lo hacen único. Hoy que arranca la Liga Española con la secuela de los 222 millones de Neymar, el invencible ejemplo del Eibar, hace de la camiseta un cobijo.

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