Cartas oceánicas

El nuevo "american idol"

Pyeongchang Corea, invierno del 2018; Tokio Japón, verano del 2020; Pekín, China, invierno del 2022; París, Francia, verano del 2024 y Los Ángeles, EU, verano del 2028; serán los ejes del movimiento olímpico en la próxima década, faltando por elegir la sede en 2019 de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 entre ciudades candidatas como Calgary, Canadá, Innsbruck, Austria y Sion, Suiza. Para entonces, el último afrodisiaco del olimpismo, Caeleb Dressel, estará cumpliendo 30 años y si la fe no le abandona, nadará sus cuartos Juegos Olímpicos prácticamente a la misma edad con la que Michael Phelps compitió en sus quintos. La agenda del COI incluye el nacimiento de un nuevo dios que ayudará a promover el espíritu olímpico. Dressel, portentoso en el Mundial de Budapest, ganó tres medallas de oro en menos de dos horas: 50 metros estilo libre, 100 metros mariposa y el relevo de estilos 4x100; en total, acumuló siete medallas doradas durante el campeonato, registro que lo convierte en candidato al atleta del año. Se necesitaba un fenómeno meteorológico que removiera la nostalgia producida por el retiro de Phelps, y Dressel fue capaz de provocar ese oleaje. La natación estadunidense, semillero de seres mitológicos, vuelve a patentar la figura de un atleta de época. El nuevo american idol, un súper héroe en ciernes, aporta desde la piscina lo que el atletismo no ha podido plantear desde la pista: la urgencia de encontrar una promesa que garantice con cierta dignidad, un sustituto para Usain Bolt. Natación y atletismo han soportado los vendavales y torbellinos causados por el doping y el poliuretano, ambas disciplinas, son los capiteles que sostienen y detallan la bóveda olímpica. De la salud de estos deportes, depende el movimiento. 

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