Cartas oceánicas

El buen nombre del "Pirata"

Al viejo Veracruz del siglo pasado, un cuadro pionero mecido por la suave brisa del Golfo, iluminado por una majestuosa luna de plata y abrigado por la viva nostalgia del puerto, le fueron arrancando hojas de historia hasta convertirlo en un folleto popular: propaganda. Hace mucho tiempo que el sabroso futbol jarocho, con perdón del auténtico Pirata, se convirtió en moneda de cambio para asegurar el capital político. El modelo no es exclusivo de Veracruz. En el futbol mexicano varios equipos, mal llamados plazas, han funcionado como herramientas de distracción y promoción en momentos clave para un estado o municipio. La época moderna del Tiburón, desde su ascenso y descenso de la Primera División y hasta su última mutación de La Piedad a Veracruz, está llena de movimientos sospechosos, favores, directivos fantasma, prestanombres, promotores, oportunistas, empresarios y políticos. Una larga lista de personajes en la que no se encuentra un solo nombre que haya devuelto honor a tan tradicional equipo. La última versión de su dirigencia, agresiva, envalentonada y amparada por un estadio enfurecido, da cuenta de lo lejos que está el futbol mexicano del señorío deportivo y lo cerca que está del cacicazgo. La imagen, es un reflejo de los tiempos que vive Veracruz, nuestro noble y adolorido estado. Al que los poderes curativos del verdadero deporte y no los falsos poderes de un equipo de futbol, podrían ayudar a sanarlo. A su Puerto, siempre le quedará el Pirata. Cosas del juego y de la vida, bendito mote para un buen hombre del viejo futbol. De tan digna trayectoria y tan caballeroso recuerdo, que no alcanzan a borrar la bruma, el viento y la marea, de estas corrientes por las que navega su equipo de futbol.  

 

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