Cartas oceánicas

El buen nombre de Cruz Azul

Para bien o mal, la historia de Cruz Azul no puede entenderse sin la Cooperativa. Un equipo fraguado por una cementera a la que el futbol ha causado más daños que beneficios en los últimos veinte años: época en la que este legendario Club, perdió cualquier símbolo relacionado con el espíritu de su fundación. Lo único que se conserva del viejo Cruz Azul, es el nombre. Y es precisamente el nombre, por lo que representa, lo más valioso en esta historia. Llevar el nombre de una empresa al campo de juego fue un modelo pionero en la comunicación empresarial. Los equipos representativos funcionaban como eje entre el orgullo, la unidad y los principios fundacionales al interior de grandes colectivos obreros: mineros, acereros, petroleros, electricistas, empacadores, cerveceros, armadores y desde luego, cementeros. Las victorias de un equipo deportivo bien uniformado de color corporativo y alineado con la misión de una compañía, fomentaban la lealtad, pero sus fracasos, sobre todo a nivel directivo, podían ser una amenaza para su credibilidad. Ningún equipo de futbol en el mundo ha logrado que una empresa sea más valiosa. Los únicos casos que conservan la fórmula del éxito son los alemanes Bayer 04 y VfL Wolfbsurg, y los holandeses del PSV. Estos equipos se sostienen porque están sometidos a estrictos controles financieros de sus compañías: no gastan más de lo que ingresan, son autosuficientes y mantienen estrecha relación con sus comunidades. Están auditados por todos lados. En sentido contrario, el caso más ruinoso fue el del Parma. Sus triunfos ayudaron a esconder la terrible deuda de Parmalat; equipo y empresa se hundieron juntos. Un día no muy lejano, Cruz Azul cambiará de manos para recuperar su buen nombre.

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