Cartas oceánicas

El boxeo pierde la razón

A la carrera del Canelo pueden reprochársele muchas cosas, pero la más evidente de todas, nada tiene que ver con él: el boxeo en todos sus niveles vive la peor etapa de su historia, y no parece que el futuro de este tradicional deporte vaya a mejorar. La época de Álvarez, un peleador correcto, coincide con la ausencia de figuras en cualquier categoría. Basta con repasar la lista de los pesados para encontrar la diferencia entre nostalgia y decadencia. No hace mucho tiempo podíamos recitar los rankings de memoria, hoy es difícil identificar a los grandes campeones mundiales que rivalizaban en estilos, personalidades, carteles y títulos. A peores campeones, peores retadores. No existen mandones sobre el cuadrilátero capaces de establecer el único criterio confiable que ha tenido el boxeo para denominar a los mejores: peleas memorables. Si nos parece difícil nombrar una buena lista de boxeadores, de los que hacen época, hacerlo con una lista de buenas peleas, de las inolvidables, es imposible. Entre siglas, mayúsculas y minúsculas, el boxeo fue perdiendo su denominación de origen. Ha sido devorado por sus propios organismos. De todo esto no tiene culpa el Canelo, dueño de una época que ha sabido aprovechar al máximo, sacando un buen rendimiento de una fama bien ganada, pero que en otros tiempos apenas le habría alcanzado para competir. La crisis del boxeo internacional es paralela a la del boxeo mexicano. México ha sido para este deporte una variable exacta de sus alcances y popularidad. Convertidas en parodia, la técnica y el arte de los antiguos peleadores, únicas razones que existían para defender este espectáculo que siempre ha sido brutal, continúan cediendo ante el peor de los escenarios: golpearse sin razón.

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