Cartas oceánicas

Bélgica y Polonia: selecciones espontáneas

Bélgica y Polonia pertenecen al grupo de selecciones que la historia abrevia por generaciones: los polacos de los setentas con jugadores como Tomaszewski, Zmuda, Deyna, Lato y algo más tarde Boniek; y los belgas de los ochentas con Pfaff, Ceulemans, Gerets, Nico Claesen y el joven Enzo Scifo. Este tipo de países con Ligas profesionales alejadas del gran circuito europeo, han conseguido grandes resultados en las Copas del Mundo gracias al nacimiento espontáneo de futbolistas. Sucedió lo mismo con Hungría en la década de los cincuenta donde jugaban Puskas, Kocsis, Czibor, Hidegkuti y Bozsik; o con Suecia, Rumania y Bulgaria en los noventa; integradas por jugadores como Ravelli, Larsson, Dahlin, Andersson, Brolin, Hagi, Popescu, Petrescu, Dumitrescu, Stoichkov, Kostadinov, Balakov y Letchkov. Otro caso muy exitoso es el danés, que sorprendió al mundo en 1986 con una emblemática generación de jugadores encabezada por Preben Elkjaer Larsen, Michael Laudrup, Morten Olsen, Soren Lerby y Jan Molby. Dinamarca cayó eliminada en México durante la fase de octavos al enfrentarse a España, pero logró renovarse rumbo a la Eurocopa de 1992 jugada en Suecia, a la que clasificó de rebote para salir campeón con: Brian Laudrup, Peter Schmeichel, John Sivebaek, Kim Vilfort y Flemming Povlsen. Las selecciones espontáneas en países sin gran desarrollo futbolístico y dependientes de otros campeonatos, son tesoros que aparecen en el tiempo. Bélgica y Polonia, últimos rivales de México, han descubierto equipos a lo largo de su historia que sin identificarse con un estilo, seguir una corriente o arraigarse en una escuela, lograron ser competitivos. El futbol de selecciones tiene estas cosas, a veces se encuentra la gloria donde parecía no haber nada.

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