Cartas oceánicas

El bastardo del futbol

Cogió el balón con las manos y atravesó el campo. Torpe con los pies, William Webb Ellis, estudiante del Rugby School en el condado de Warwick, -pleno centro de Inglaterra- embistió a dos compañeros, soltó un puñetazo al tercero y arrastró el cuarto hasta llegar a la meta: Ellis, que tiene fama de saltarse las pocas normas que hay en el juego de football, acaba de inventar el rugby. Como todas las leyendas, la invención del rugby, que tomó el nombre de aquel colegio, tiene detractores y promotores. Y como todas las leyendas, también, tiene una piedra que la oficializa en el lugar de los hechos: "Esta piedra conmemora la proeza de William Webb Ellis, que con un sutil desprecio a las reglas del futbol, tales como fueron jugadas en su época, tomó la pelota en sus brazos y corrió con ella, originando así la característica distintiva del juego de rugby." Aquella mañana de otoño en 1823, el futbol sufre su primer desprecio y nace un nuevo deporte británico, mismo al que después, también desprecian los estudiantes de la Universidad de Rutgers en New Jersey, dando origen en 1882 al futbol americano. Hijo ilegítimo del futbol, el rugby arranca este viernes su enorme Mundial. Los singulares All Blacks de Nueva Zelanda defenderán la Webb Ellis Cup. Durante 44 días, veinte países jugarán en Inglaterra, el evento deportivo con más seguidores en el mundo tras el Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos. El rugby, pionero de los valores y tradiciones en el deporte universal, volverá a ser olímpico en Río 2016. Pero continúa siendo el pariente extraño. Su desobediencia al futbol sigue pasando factura; como mal lo etiquetó Oscar Wilde: el rugby es una buena ocasión para mantener treinta matones lejos del centro de la ciudad.

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