Cartas oceánicas

El balón estará del lado de México

La selección vuelve a la Confederaciones, su torneo preferido: hay un título internacional en juego, bajo la mirada de FIFA, contra un rival de galones, una súper estrella en el campo y sin la dureza deportiva que exige la Copa del Mundo o la Copa América. En ese campeonato a medias tintas entre la oficialidad de una competencia, la diplomacia de una serie de amistosos, una prueba de mercado y el saborcito de un Mundial, México se siente cómodo. El partido del domingo vs Portugal, campeón de una Eurocopa en la que se escondieron los grandes, no resta mérito al reto: la posibilidad de un triunfo mexicano es alta, yo apostaría por ello. Los portugueses son el tipo de selección al que la etiqueta de favorito les oprime el pescuezo. Durante un siglo entero, han ofrecido constantes muestras de dominio sobre la pelota que controla este juego. Su talento individual siempre ha sido extraordinario, pero su respuesta ante situaciones límite, rozaba la anarquía de los equipos que confunden la espontaneidad con rebeldía: los líderes formaban grupos, los entrenadores eran cuestionados y los grupos se partían a mitad de cualquier torneo. Una extraña sensación se apoderaba de esta selección cada vez que se enfrentaba a la obligación de ganar. En apariencia, la última Eurocopa y el ejemplo competitivo de Cristiano Ronaldo, le han dado a Portugal la oportunidad de fundar una escuela ganadora. México debe entender que juega contra una selección que renunció a sus melancólicos ritmos de juego a cambio de un campeonato europeo. Portugal sufría porque perdía jugando bien al futbol, que era lo que mejor hacía. Los antecedentes indican que el domingo el balón estará del lado de México, la responsabilidad ofrece una excelente oportunidad de ganar.

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