Cartas oceánicas

El azul y el oro

No hay forma de poner precio a un color, sea el azul o el oro. No se puede contabilizar la lealtad en una institución. Ninguna línea en el balance general de un club, establece en cuánto está valuada la identidad de un jugador o un fanático. La única medición aceptada contablemente para calcular el precio de esto, es el valor de marca. A final de cuentas, los clubes son marcas. Luego, son organizaciones detrás de una marca. Pero en el estricto sentido de mercado, son marcas. Que por diferentes razones causan adhesión entre la gente formando una comunidad de consumo auto-determinada en base a un ídolo, un escudo, una camiseta, una ciudad, un himno, una historia, un momento en la historia, un antepasado, una leyenda, un mito, un título, varios títulos, un nombre, un mote y un lugar donde existe todo esto: su estadio. El aficionado al futbol es un consumidor de sentimientos. Monetizar estos impulsos es a lo que se dedica un club de futbol para sobrevivir, sin que estas transacciones traicionen la relación aficionado-club, dicho de otra forma, cliente-proveedor de sentimientos. Los clubes ingleses son los más avanzados en esta función que podríamos establecer como: guardianes del sueño. Tener un jugador o entrenador franquicia, garantiza al hincha que dentro de la organización exista un hombre que vela por sus intereses. Alguien que interpreta desde dentro, todo aquello que los hinchas conocen desde fuera. Así es como estos personajes se vuelven caballeros del escudo. Gerrard en Anfield Road, Terry en Stamford Bridge, Wenger en el viejo Highbury, Ferguson y Ryan Giggs en Old Trafford. Estos tipos son los auténticos amos de llaves de un Club. En Pumas se ha olvidado esto, se puso un precio al azul y al oro.  

 

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