Cartas oceánicas

El último de la fila

Pocos jugadores gozan de tanta influencia en la administración de su deporte como los tenistas. Dueños de una raqueta y talento individual, los tenistas mandan por encima de cualquier interés que afecte el colectivo que representan. Del tenis, un deporte moderno rodeado de viejas tradiciones, podemos valorar muchas lecciones, la más importante: cómo se conduce por la complicada carrera del profesionalismo. Cuando a principios de los años setenta los tenistas decidieron fundar su Asociación, el tenis se convirtió en el primer deporte organizado alrededor de sus jugadores. Torneos, empresarios y patrocinadores pensaron que era mejor unirse al movimiento y desde entonces, la ATP es uno de los organismos deportivos más rentables y transparentes del deporte. Formada por una Junta de Administración que representa a los organizadores de los grandes torneos, y un Consejo de Jugadores que hoy encabezan Novak Djokovic y Andy Murray junto a cuatro tenistas más entre los 100 primeros del ranking mundial, es como la ATP se ha vuelto un ejemplo de progreso con dos pilares fundamentales: promover el deporte y cuidar un negocio sostenible. Con elecciones regulares y una sólida participación de jugadores, el tenis en su era abierta, la del profesionalismo controlado, ha visto 26 números uno del mundo desde la creación del ranking ATP en 1973: Illie Nastase, John Newcombe, Jimmy Connors, Bjorn Borg, John McEnroe, Ivan Lendl, Mats Wilander, Stefan Edberg, Boris Becker, Jim Courier, Pete Sampras, Andre Agassi, Thomas Muster, Marcelo Ríos, Carlos Moyá, Yevgeny Kafelnikov, Patrick Rafter, Marat Safin, Gustavo Kuerten, Lleyton Hewitt, Juan Carlos Ferrero, Andy Roddick, Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray; el último de la fila. 

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