Cartas oceánicas

No era Argentina, fue Holanda

Ninguna eliminación resulta tan dramática como la holandesa, porque esa corriente ha sido fundamental en el desarrollo del futbol moderno. Pocos países tuvieron un impacto tan profundo en un deporte tan practicado por todo el mundo: Inglaterra lo reglamentó, Francia lo organizó, Brasil lo adornó y Holanda lo modernizó. A partir de la escuela del Ajax y la revolucionaria Naranja Mecánica, este juego se volvió un movimiento. Los holandeses incorporan dos conceptos que transformaron la historia del futbol: formación y cultura. Antes de Holanda era un juego espontáneo, casi instintivo; después de Holanda se convirtió en un juego razonado, cerebral. Pero en medio de esa gran reforma ideológica, hay un detalle que define como ninguno la gran herencia holandesa: cantera. Hasta la década de los setenta, el futbol no se había preocupado por formar jugadores, estaba acostumbrado a buscar talento en playas, potreros y barrios. La gran academia holandesa consigue institucionalizar el proceso y convierte el oficio de futbolista en una profesión; dotándolo de método, educación, ideas, objetivos, ciencia y progreso. El gran problema de esa filosofía, cuna de la innovación y evolución en este deporte, es no haber podido justificar su indiscutible influencia con títulos. Por eso, su eliminación duele más que cualquier otra, porque se pone en duda esa incomparable vocación por la enseñanza, a cambio de resultados. Durante las últimas semanas aficionados alrededor del mundo lamentaron y discutieron una probable eliminación de Argentina, en realidad lo único que se habría perdido Rusia 2018 era disfrutar de un jugador como Messi; formado, por cierto, en un equipo refundado con la filosofía holandesa. Al perder a Holanda el futbol perdió mucho más.  

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