Cartas oceánicas

01800-Iniesta

Calvo prematuro, Andrés Iniesta sabía que la responsabilidad de tapar el hueco de Xavi en medio campo y llenar los silencios que dejó Guardiola en el vestuario, era suya. Talento, mesura, reflexión, sabiduría y sentido común, son virtudes que cultivó a lo largo de su carrera. A pesar de su juventud, Iniesta siempre ha parecido un futbolista con aspecto de mayor. Cuesta creer que el Club no le llamara para escuchar el consejo de un hombre sobre el que recayó tanto liderazgo de manera tan natural. El caso del Barça, sumido en una ridícula crisis institucional, ayuda a creer que el futbol en manos de los capitanes, muchas veces sería distinto. Graduado con honores en la Masía y forjado a fuego en Mundiales, Eurocopas y Champions League, no había un hombre más sensato que Iniesta para solucionar cualquier escándalo entre directiva, aficionados y jugadores que hoy, suena irremediable. Pero el Barça desperdició su madurez y decidió actuar como un equipo común y corriente: que el jugador se dedique a jugar. Futbolistas como Iniesta, dotados de un perfil tan serio y reflexivo, son un patrimonio moral. Lleno de grandes pensadores, el Barça se distinguía por su capacidad para mirar la vida y el juego con una óptica distinta. Contra corriente, Cruyff, Guardiola, Puyol, Xavi y el último capitán, Andrés Iniesta, lograron transmitir de la cancha a los despachos un estilo de hacer las cosas. El gran poder del Barça estaba en el campo, allí empezaba todo. A estas virtudes como la sensatez, mesura, sabiduría y generosidad, bien representadas por Iniesta, muy manchego, los catalanes le llaman “seny”. Un principio que evita o soluciona conflictos. Si el Barça, como parece, ha perdido el seny, entonces lo ha perdido todo; incluso a Iniesta. 

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