Cartas oceánicas

Más allá de Berlín

Real Madrid y Barcelona pueden llegar esta semana a ese partido que lleva más de cien años esperándolos. Una Final de Champions entre ambos, la vieja Copa de Europa para sus fundadores, llevaría esta rivalidad a una nueva dimensión. Del resultado, en caso de avanzar hacia Berlín, se hablaría cien años más. Un gol en el Bernabéu a la Juventus, como mínimo, separa al Madrid de la Final. Un gol también, del Barça en Münich, volvería absurdo cualquier noble intento del Bayern. Así que estamos frente a un escenario muy posible: los dos mejores equipos del mundo jugándose a un partido buena parte de su herencia a futuras generaciones. Para el Madrid, vencer al Barça, este Barça propiedad intelectual de Messi en una Final de Champions, significaría una señal de poderío perpetuo. Ganar 11 Copas de Europa, la última contra el rival perfecto que alinea con el jugador perfecto, daría el título casi en propiedad a un club cuya gran leyenda se construyó en Europa extendiéndose desde allí a todos lados. Para el Barcelona, vencer al Madrid, este Madrid que lleva los últimos años persiguiéndolo y reconstruyéndose sobre la marcha sin una sola piedra de cantera, confirmaría el modelo de organización azulgrana como el gran triunfador de nuestra era sin ninguna discusión. Los retazos de la derrota dejarían a cualquiera de las instituciones muy expuestas, no solo a sus equipos de futbol. Porque se trata de dos clubes, los más ricos, famosos y populares, que llegaron al mismo sitio, la cima del futbol, por caminos muy distintos. Una Final de Champions entre Madrid y Barça, no solo enfrentaría al Madrid y al Barça. De uno y otro lado se formarían ideales deportivos, económicos, sociales, políticos y humanos, de todo el mundo. 

 

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