Cartas oceánicas

Los aliados

Suspendido el Bélgica vs España en Bruselas y evacuados los aficionados de Alemania y Holanda, que debían jugar en Hannover, quedaba el Inglaterra vs Francia en Wembley. El partido, envuelto en una bandera, tenía prohibido suspenderse. Dos selecciones emblemáticas, una de ellas malherida, hicieron buen uso del futbol. Portavoces, símbolos y protagonistas de la ceremonia, los jugadores fueron eso, auténticos representantes populares. El futbol europeo se enfrenta en cada estadio al terror que causa la sospecha. Se trata de un escenario desconocido en el que este deporte, dueño de poderosa convocatoria, debe servir como herramienta de comunicación. El futbol, cuya máxima virtud ha consistido en elevar pasiones, evadir problemas cotidianos y funcionar como desahogo social, hoy tiene la responsabilidad de combatir la realidad regresando a la gente su rutina, su vida y su normalidad. Así lo entendieron los aficionados, los medios, las autoridades y los futbolistas, que jugaron un partido solemne. Al interior de Wembley, un estadio capital, Francia fue arropada por La Marsellesa con marcado acento británico. El momento, desde ayer un documento histórico, cumplió con el pacto de los aliados: Inglaterra y Francia fueron una sola fuerza. Rodeado de protocolos y solidaridad, el futbol recuperó por unos instantes la institucionalidad que FIFA le ha ido robando. Es una pena que este organismo, fundado por franceses para desarrollar un juego regulado por ingleses, no pueda estar a la altura de los acontecimientos. Pero FIFA extravió el camino hace mucho tiempo, convirtiendo los principios que le dieron origen, en vulgar estrategia comercial. Por una noche, el viejo futbol volvió a ser un juego honorable y normal.  

 

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