Cartas oceánicas

La educación alemana

Alemania no tienen secretos, el campeón mundial representado en Copa Confederaciones por un equipo alternativo, mantiene el compromiso: es favorita sin condiciones, este es su principal rasgo de identidad. Luego, decíamos, no la envuelve otra cosa que trabajo y educación. Durante una etapa de su rica historia, se dijo que había perdido el norte. Esa crisis que arrancó a principios de siglo con una eliminación en primera ronda de la Eurocopa de Bélgica y Holanda 2000, continuó con un subcampeonato mundial en Corea-Japón 2002; otra eliminación en primera ronda de la Eurocopa de Portugal 2004; un tercer puesto en 2006 jugando su Mundial; un subcampeonato en la Eurocopa de Austria y Suiza 2008; otro tercer puesto en Sudáfrica 2010, y un tercer puesto en la Eurocopa de Polonia y Ucrania 2012; concluyó con el campeonato mundial de Brasil 2014. Durante ese “crítico” periodo los alemanes no hablaron de títulos, se concentraron en educar. El nuevo programa de formación alemana empezó en los Kínders; con 5 años de edad los niños trabajaron sus movimientos. Antes de los diez años solo se divertían. A partir de los once aprendieron a jugar. Entre quince y dieciocho años estabilizaron sus emociones. Al cumplir veinte fueron preparados para competir. De los veintiuno a los veintinueve perfeccionaron su rendimiento, y con treinta años, de acuerdo al programa, los futbolistas alcanzarán el tope de su desarrollo profesional. Del Kínder al Mundial, pasan por el equipo del colegio, otro de su comunidad, son captados por el programa de desarrollo, entrenan en un centro de excelencia, suben a las academias de elite, juegan en equipos nacionales de su categoría, llegan a la Bundesliga y se vuelven seleccionados alemanes: no hay misterios. 

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