Cartas oceánicas

¡Vuelve!

El futbol de nuestra era, un espectáculo cíclico entregado al trending topic semanal, olvidó muy pronto que de azulgrana vestían todavía el mejor jugador del mundo -según la otra mitad-, un bota de oro con mandíbula cuadrada y la última joya del Amazonas. Poco crédito les concedían las redes sociales a estos futbolistas que conectados como han estado las últimas semanas, son capaces de revolver la segunda parte de la temporada. En los últimos 4 partidos el Barça lleva 14 goles marcados, 7 son de Messi y 3 de Neymar. Lo mejor no es esto, sino su recuperación en defensa: en los mismos juegos solo ha recibido un gol. Este equipo herido por dentro y atacado desde fuera, se envolvió por convicción en el pellejo de un caballo negro. De su peor versión, sacó su mejor juego. Lo hizo cuando más lo necesitaba y lo hizo en silencio, como no sucedía años atrás endiosado por los ropajes de su escandalosa época. Virtualmente sigue a un punto de Real Madrid en Liga, que debe un partido bravo contra el Sevilla aplazado por el Mundial de Clubes. Llega con un gol de ventaja al Calderón en los cuartos de Copa y, prepara la eliminatoria de octavos en Champions contra el City, su víctima favorita en Europa. El terciopelo que hasta hace pocos días arropaba al Madrid de Cristiano no cubría al Barça de Messi, que en cambio, prefirió ser un equipo en carne viva. Desnudo. Una faceta dolorosa que no le conocíamos, pero que lo volvió terrenal, sufriente, necesitado, hambriento y por lo tanto, peligroso. El nuevo futbol de Barça, por viejo, no parece novedad. Pero haciéndolo a este nivel, el que todos conocemos, hay pocos equipos en el mundo capaces de vencerlo. El Barça está regresando por un largo camino de espinas rumbo a Berlín. 

 

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