Cartas oceánicas

Viceversa

Nunca entenderé esa discordia tan ajena a la única obligación del fútbol: divertir. Pero en época de redes sociales, una alambrada de púas cada día más arisca y privada, se pelea por demostrar en nombre de la libertad qué usuario insulta o menosprecia a Messi y Cristiano con el sadismo de la frecuencia digital. Llevan una era compitiendo diario. Ambos talentos tan históricos como opuestos, tuvieron la mala suerte de coincidir en el mismo tiempo, pero en equipos y cuerpos tan diferentes, que polarizan cualquier opinión en la periferia del juego. Altos contra enanos. Fuertes contra débiles. Naturales contra hormonados. Feos contra guapos. Centralistas contra independentistas. Messi y Cristiano son a los ojos del mundo, odiados y queridos como Madrid o Barça; sus mansiones. Clubes que acumulan cantidades inútiles de hashtags a favor o en contra. Pero de la misma forma que Madrid y Barça seguirán siendo instituciones eternas, Messi y Cristiano son organismos temporales. Humanos. Un día no muy lejano -tienen 27 y 29 años- se irán y dejarán detrás suyo, una chusma de agitadores que no podrán identificarse con ningún otro de los fetiches que les vendan. El apasionamiento por ellos en redes ha sido tal, que apenas quedan ideas, prejuicios y caracteres para alabar o atacar a los que vengan. El aficionado moderno que enterró la cubierta de Espasa Calpe con la pantalla de un iPhone olvida, o nadie le ha enseñado, que en el futbol los grandes jugadores llegan a uno y otro equipo por casualidad. En algún momento de su vida Di Stéfano o Cristiano, pudieron ser del Barça y Messi o Kubala, del Madrid. Quien cuestione las marcas de Messi en Champions y Liga no entiende que su éxito, es un homenaje a Cristiano y viceversa.

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