Cartas oceánicas

Triste consuelo

El México de Copa América encarna los viejos vicios que parecían haber olvidado las selecciones nacionales. Contra Bolivia, vimos una de las versiones más tristes de la selección en mucho tiempo. Por el abandono y la improvisación con que fue montada, el desdén con que su clase directiva la trata y por lo rápido que será olvidada. Dentro de unas semanas nadie recordará los nombres de los futbolistas que viajaron a Chile para cubrir un expediente que se agota: quedan muy pocos motivos para que en el futuro, México siga jugando este torneo. Son tal la cantidad de signos internos y externos que advierten que éste, otra vez es un México “B”, que su juego provoca nostalgia. Cualquier sensación positiva que haya dado el futbol mexicano en los últimos años, se vuelve un recuerdo lejano. Poco se parece a México y es una pena, porque una selección completa y titular, habría llegado como una de las favoritas a esta Copa América que arrancará en semifinales. Mucho debe cambiar frente a Chile para evitar una derrota casi segura. Será difícil. El juego chileno es muy intenso, sobre todo en medio campo, la única zona rescatable de México. Chile no tiene gol pero a cambio recibe pocos. El problema es que en ambas áreas la selección falla. Con muy poco, Bolivia causó el peligro necesario para dudar de la defensa el resto del torneo y al frente, no se sabe qué provoca más decepción: un delantero de Pumas descastado, un veterano naturalizado como Vuoso o el suplente de ambos. Raúl Jiménez representa la soledad que rodea a esta selección. Hay quien busca consuelo en el empate de Argentina, la derrota de Colombia, las dudas de Brasil o el aburrimiento de Uruguay, error; debería encontrarse en Paraguay, Venezuela, Perú y Jamaica.  

 

josefgq@gmail.com

 


El México de Copa América encarna los viejos vicios que parecían haber olvidado las selecciones nacionales. Contra Bolivia, vimos una de las versiones más tristes de la selección en mucho tiempo. Por el abandono y la improvisación con que fue montada, el desdén con que su clase directiva la trata y por lo rápido que será olvidada. Dentro de unas semanas nadie recordará los nombres de los futbolistas que viajaron a Chile para cubrir un expediente que se agota: quedan muy pocos motivos para que en el futuro, México siga jugando este torneo. Son tal la cantidad de signos internos y externos que advierten que éste, otra vez es un México “B”, que su juego provoca nostalgia. Cualquier sensación positiva que haya dado el futbol mexicano en los últimos años, se vuelve un recuerdo lejano. Poco se parece a México y es una pena, porque una selección completa y titular, habría llegado como una de las favoritas a esta Copa América que arrancará en semifinales. Mucho debe cambiar frente a Chile para evitar una derrota casi segura. Será difícil. El juego chileno es muy intenso, sobre todo en medio campo, la única zona rescatable de México. Chile no tiene gol pero a cambio recibe pocos. El problema es que en ambas áreas la selección falla. Con muy poco, Bolivia causó el peligro necesario para dudar de la defensa el resto del torneo y al frente, no se sabe qué provoca más decepción: un delantero de Pumas descastado, un veterano naturalizado como Vuoso o el suplente de ambos. Raúl Jiménez representa la soledad que rodea a esta selección. Hay quien busca consuelo en el empate de Argentina, la derrota de Colombia, las dudas de Brasil o el aburrimiento de Uruguay, error; debería encontrarse en Paraguay, Venezuela, Perú y Jamaica.   La