Cartas oceánicas

Tomás Boy, el último mohicano

Lo mejor que tiene el Atlas de Guadalajara es Tomás Boy y será Tomás Boy. El último mohicano del futbol mexicano. Del técnico se agradece que involucrado su equipo como está en el descenso, prefiera imaginarse jugándolo que peleándolo. Frente al América, un favorito, no solo fue superior durante momentos puntuales del partido con un equipo inferior, sino que el Atlas, el suyo, volvió a ser un cuadro con sabor. En el futbol solo hay algo más difícil que proponer un estilo, hacerlo cuando los números son más importantes que los verbos jugar, gustar y arriesgar. Esa es la forma en que Tomás entiende su carrera, independiente y solitaria, porque no ha necesitado perversos apoyos para ser quien es. No tendrá problemas para salvar al Atlas y hacerlo competitivo mientras mantenga esa necia idea. Lo demás es paciencia, en el futbol se llama fe. Y desde luego que jugadores y directiva refuercen su postura. Por ahora este Atlas recién alquilado sobre el que pesarán las dudas razonables de la multipropiedad, los millones de dólares, el poder de la televisión y los claroscuros del arbitraje, pertenece a Tomás. El único dueño fidedigno del club o por lo menos, el primero que ha dado un paso valiente para rescatarlo. Pase lo que pase con ellos y su gran rival esta campaña, el Atlante, estoy seguro que ver los partidos de Atlas será de lo más divertido del campeonato. Tomás debe sellar el vestuario, ahuyentar a los nerviosos inversionistas, convencer a sus futbolistas y no ceder una palabra en su discurso. El momento de Atlas es ideal, una vez más, para juzgar en primera persona los alcances de Boy como líder, autor y entrenador. No es sencillo, porque alrededor de Atlas puede levantarse mucho polvo, mucho ruido bien ganado.  

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