Cartas oceánicas

Los Tigres se asoman al mundo

Tigres lleva entre la garras un pedazo del futuro del futbol mexicano, castigado en Copa América y por lo que se ve, lejos de la Confederaciones que el plan de marketing vende como un torneo de postín. México, que hipoteca su crecimiento al éxito de la selección, tiene en varios clubes una mayor oportunidad para destacar. Tigres es uno de ellos. Cumple con todos los requisitos de las grandes franquicias profesionales: trabajo, recursos, personalidad, pasión, una ciudad grande, un nombre de batalla, un apellido ilustre y una tremenda caja fuerte. Le faltan títulos para guardar, pero una Copa Libertadores valdría por todos los campeonatos que dejó en el camino. Los equipos mexicanos perdieron el tiempo con un mal negocio llamado Mundial de Clubes. Otra vez la palabra favorita: Mundial. Deslumbrados por el nombre, pusieron en ese torneo todos sus objetivos de internacionalización. Un concepto que cobró importancia a principios de siglo basado en cuatro principios comerciales: colocar jugadores en los grandes mercados, ofrecer notoriedad a patrocinadores, incrementar el valor de sus derechos y captar aficionados. Quien mejor la interpretó fue el Pachuca con sus desarrollos estructurales y el primero en alcanzarla fue Pumas. Pionero en la exportación de jugadores y base de las mejores selecciones nacionales, el Club Universidad era el equipo mexicano más conocido en el mundo. Suele creerse que Guadalajara y América por ser los más grandes dentro, tienen que ser los más conocidos fuera. Esto no siempre se cumple. Si Tigres gana la Libertadores se convertirá de inmediato en el equipo mexicano mejor posicionado en el mundo y de los pocos, con un verdadero plan de crecimiento frente al imparable progreso de la MLS.

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