Cartas oceánicas

Sánchez, Márquez y Hernández

El clásico con o sin mexicanos, es un adjetivo provocativo. Mantiene por encima de las nacionalidades el erotismo de las mil y una noches. Formar parte de la rivalidad más reconocida del mundo, ofrece notoriedad al futbol que indirectamente representa. En Colombia por ejemplo, el Madrid vs Barça de mañana paralizará fanáticos. Sobre todo los unirá. Fue con Hugo Sánchez, el ídolo sin hashtags, cuando México alcanzó fama universal. La importancia de Hugo en los clásicos, más que histórica, es irrepetible. Hugo tiene el honor de ser uno de los futbolistas más odiados en Barcelona. Ni Di Stéfano ni Zidane, alcanzaron ese sentimiento. Desde Rafael Márquez, México no estaba representado. Pero la posición del central, indiscutible y fundamental, no despierta las pasiones que levanta un delantero. Su papel fue secundario. El delantero en cambio alcanza la cima del mundo en noches como esta. El Madrid vs Barça divide a la afición mexicana de la misma forma que la divide Javier Hernández. Entre filiaciones y fobias, México apuntará a la burla sobre Chicharito si está en la banca o lo considerará un patriota si marca. Lleva tres goles muy prudentes, pero su trabajo es más cuestionado por los mexicanos que por los madridistas de nacimiento. Con todo respeto este no es un partido para él. Pero ello no debe ser cuestionable desde el plano emotivo, sino desde el futbolístico. El 4-4-2 de Ancelotti sin Bale, pero con Benzema y Cristiano indiscutibles, vuelve al Madrid un cuadro muy sólido contra equipos de carácter mundial. Le da minutos con balón. Sin la ascendencia de Sánchez o la autoridad de Márquez, Hernández ofrece otro tipo de experiencia a México en el clásico. Su apellido es la sorpresa, la broma o el reproche.  

 

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