Cartas oceánicas

Salcedo: "il difensore"

En la época dorada del futbol italiano, principios de los ochenta y hasta mediados de los noventa, firmar como extranjero en cualquiera de sus clubes representaba formar parte de la elite mundial de jugadores. Las grandes estrellas llegaban al calcio reclutadas por una cultura de calidad que exigía al foráneo demostrar cualidades superiores a las de cualquier jugador italiano. De Maradona para abajo, que puso el listón muy alto, ser titular en la Serie A tenía un precio muy elevado. Italia levantaba un veto que impidió la contratación de jugadores extranjeros durante 15 años: entre 1965, tras el fracaso en Inglaterra 1966, y hasta 1980, cuando reabre sus fronteras, los clubes italianos solo alinearon italianos. Aquella decisión produce tres generaciones de futbolistas que coronan el Mundial de España 82. Al veterano Zoff se suman: Baresi, Bergomi, Cabrini, Collovati, Gentile, Scirea, Vierchowod, Antognoni, Dossena, Oriali, Tardelli, Conti, Massaro, Altobelli, Graziani, Galli y Paolo Rossi. Recuperada la base original del calcio, surgen el Nápoles de Maradona; la Juve de Boniek y Platini; el Udinese de Zico; la Roma de Falcao; la Sampdoria de Toninho Cerezo; la Fiorentina de Sócrates; el Inter de Passarella y Mathaus; y el Milán de Gullit, Rijkaard y Van Basten. Todos querían jugar allí, pero Italia solo admitía tres extranjeros por equipo: los mejores del mundo en su puesto, el resto, eran italianos. Hasta que llegó la ley Bosman y ocupar cualquier plaza de extranjero en Italia ya no fue tan complicado. Sin embargo la posición del central, siguió siendo el puesto más respetado del viejo futbol italiano: Salcedo no llega como extranjero a Italia, lo hace como defensor central, eso es lo más valorado.  

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