Cartas oceánicas

Ricardo primero

Atlante, Atlas, Toluca y la selección de La Volpe, son insuperables versiones de Lavolpismo, ninguno de sus alumnos, tampoco su autor, han podido igualarlos. Nada hace pensar que este América termine pareciéndose a ellos. Aquellos cuadros fueron obras trascendentales en la cultura del futbol mexicano. La historia y no la estadística, dirá quién fue Ricardo La Volpe. Sus equipos alcanzaron una forma de jugar que todavía puede reconocerse con el paso del tiempo, tenían un sello, fueron originales. Quizá sea el estilo que mejor aprovechó las virtudes del jugador mexicano: ágil, ligero, educado, solidario, resistente. La Volpe provocó en el futbolista cierta responsabilidad orgánica. El jugador entendía que formaba parte de un modelo bien definido, con derechos y obligaciones para defender y atacar que los hacía diferentes: creó un movimiento. Ayudó a promover conciencia colectiva en el juego. Formó equipos con personalidad que marcaron una época sin la necesaria acumulación de títulos que vuelven a un club dominante. Ahí radica el principal éxito de La Volpe, sin cifras que le acompañen, logró titular una escuela. Alcanzó todos los requisitos para convertirse en una corriente: un fundador, una filosofía, seguidores y una forma de expresar el futbol que todavía, intenta imitarse. Como todas las corrientes, el Lavolpismo ha vivido sus mejores años. El técnico mantiene su enorme conocimiento del juego pero su estilo, interpretado en sí mismo, no ofrece ningún síntoma de evolución. Es posible que se haya detenido o que su influencia ya no tenga el mismo impacto que consiguió en brillantes generaciones de futbolistas mexicanos. Su regreso a un club que busca volver a reconocerse en el campo, es una estupenda oportunidad para ambos.

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