Cartas oceánicas

Rezarás los miércoles, predicarás en domingo

El futbol moderno depende de los nuevos formatos de televisión, de una exposición constante que permita lucir cada tres días el patrocinio, fijar objetivos, rentabilizar derechos, multiplicar taquilla, generar impactos cada 72 horas, inundar de seguidores las redes y distribuir emociones. El futbol moderno exige jugar dos veces por semana. No importa el torneo ni el lugar, ganar o perder, lo que hoy se busca es movimiento. Viajar, estar presente miércoles y sábado, jueves y domingo: competir. De lo general a lo particular, el crecimiento de un futbol se mide por su Liga, sus equipos, sus jugadores, entrenadores y su selección. Nunca será suficiente insistir que el futbol mexicano para crecer, necesita jugar más. Someterse a nuevos desafíos, rivalizar casi diario. Otra vez la misma palabra: competir. El futbolista internacional tiene instinto de supervivencia, si le disminuyen el ritmo de competencia, afloja. Cuatro ejemplos: cuando el Barça fue eliminado en Champions se echó en la Liga. El Atlético, que alcanzó la Final de Champions eliminando a Chelsea, no gana desde entonces. Y el Madrid, después de eliminar al Bayern -que abandonó su métrica competitiva al ser campeón por adelantado en la Bundesliga- no pudo ganar los últimos tres partidos. Los jugadores de estos cuatro equipos que venían jugando a muerte todo el año, cada tercer día, perdieron tensión competitiva. Cambiaron recuperación por entrenamiento. Necesitaban sobrevivir porque son animales de competencia. En México el ejemplo es León, quizá Santos. Aunque exhausto, llegó a la Liguilla compitiendo y a base de ritmo hasta la Final, porque fue el único del torneo que se acostumbró al nuevo mandamiento: rezarás los miércoles, predicarás en domingo.

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