Cartas oceánicas

Revisando el video

Los primeros momentos de un partido enseñan la determinación de un equipo. Si un cuadro quiere la pelota, decide esperar, busca el contragolpe, sale motivado, concentrado, hambriento, le brillan los ojos al delantero o todo lo contrario, se percibe de inmediato. En esos primeros minutos, aunque sucedan pocas cosas, puede definirse el carácter del resto del juego. Los primeros minutos de la noche en Santa Clara, México colocó al veterano Javier Hernández en punta acompañándolo en los costados con el joven Lozano y el célebre Tecatito Corona. Al centro, queda un solitario Héctor Herrera adelantado en medio campo. Revisando el video se puede observar entre el minuto uno y el quince, antes de caer el gol, que los tres hombres en punta no han presionado una sola vez la salida chilena: no persiguen, no muerden, no empujan, no incomodan. No han presionado en ningún momento, pero tampoco han bajado a recuperar un solo balón. Herrera, escoltado por Guardado y Dueñas, mira cómo en el medio campo hay dos chilenos por cada mexicano, en ocasiones incluso hay tres. Antes del gol, Chile ataca con diez hombres y México, sin contar a Ochoa, defiende con siete. La superioridad está hecha. Los atacantes mexicanos han abandonado a sus compañeros, mientras los chilenos, multiplican jugadores en una zona decisiva. Cae el segundo, acaba el primer tiempo y llegan los cambios. Sale Dueñas entra Peña y sale Lozano entra Jiménez. Lo mismo, incluso peor. Jiménez no aprieta y Peña no detiene nada, en ocho minutos caen tres goles y aquel medio campo es un lodazal. Por más rotaciones que haya en un equipo, existen principios fundamentales para cualquier futbolista: correr, presionar, apoyar. Esto no tiene que ordenarlo el entrenador.  

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