Cartas oceánicas

Reunión Europea de Futbol Asociado

Arrancó la Champions League con su sintonía redoblada, sus patrocinadores alineados, sus estadios revestidos, sus campos recortados, sus reglamentos respetados, sus clubes bien pagados, sus jugadores motivados, sus transmisiones homologadas, sus derechos negociados, su marca protegida, su imagen reconocida, sus días fijados, sus horarios acostumbrados, sus redes en movimiento y sus tribunas abarrotadas: un negocio redondo, como el balón que la identifica cada temporada convirtiéndola en la mayor tradición futbolera de nuestro tiempo. Éxito absoluto de la UEFA y objetivo de Michel Platini, que apoyado en la mente estratégica de Gianni Infantino, logró convertir la clásica unión europea en el eje del modernismo del futbol mundial. La variable Champions modificó el mercado de fichajes, renovó el sector publicitario, transformó el panorama televisivo, impulsó el desarrollo digital y dictó agenda en el calendario. No se alcanza un movimiento de esta magnitud sin el respaldo de una institución. Y en eso está la UEFA, que hoy elegirá en Atenas un nuevo presidente: el holandés Michael van Praag o el esloveno Aleksander Ceferin. El nombramiento no es superficial, la elección motivará un cambio en la dirección del organismo o mantendrá el orden de las cosas dentro de un mercado cuya fuerza, mueve buena parte de la industria deportiva. Antes de saber si los europeos deciden apostar por la juventud de Ceferin o la veteranía de Van Praag, las asociaciones que la componen con la anuencia de FIFA escucharán por primera vez desde su discutida inhabilitación al ex presidente Michel Platini. El discurso de Platini, dueño de una agudeza incomparable, funcionará como recordatorio: fue el hombre que reunificó el poderoso futbol europeo.   

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