Cartas oceánicas

Pulido: la oveja perdida del rebaño

La trayectoria de Alan Pulido, con nombre, apellido, historial mediático, régimen contractual y expediente oficial, terminó convirtiéndose en un buen producto del mercado. Quien fuera capaz de resolver el enredo en que se convirtió la carrera del jugador, se llevaría un muchacho parido en el futbol mexicano, exportado de extranjis al futbol europeo, procesado por uno de los clubes más poderosos de la Liga Mx, curtido brevemente en un club de la periferia de Champions, y a un precio elevado. Su compraventa sería una bomba. Ningún futbolista representaba mejor promesa para reforzar la oferta comercial y deportiva de Chivas, que la repatriación de un hijo que no había nacido en Guadalajara, no se había criado en el rebaño, había sido perseguido por la ley, y no era pródigo. La llegada de Pulido a México no debe ser vista como un regreso, porque en realidad, nunca logró irse del todo. Chivas compromete un buen pedazo de su presupuesto en un futbolista al que aprovechando el patronímico, le falta mucho por pulir. Guadalajara es un sitio ideal para que Pulido progrese. Su madurez vendrá acompañada de la primera gran responsabilidad en su carrera: ser el delantero que encabece un equipo formado por mexicanos. El proceso que carga en el dorsal, exige el cumplimiento de las expectativas que tantos abogados pusieron en él. Se trata de un jugador al que pocos han visto jugar, muy pocos han visto triunfar y casi nadie, ha podido contratar. Pulido, con 25 años, ha pasado más tiempo luchando por ser futbolista, que ejerciendo su profesión. La oportunidad es doble: Chivas consigue un delantero mexicano con cierta etiqueta europea, y Pulido, encuentra un equipo que hoy necesita vender goles y también grandes historias. 

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