Cartas oceánicas

Primer amor

Doble plana: un jovencito domina la pelota en Kogelo, Kenia. Parece saludable. Viste pantalón de mezclilla, camiseta de algodón y sandalias de hule que ha dejado sobre el pasto. Juega a la sombra de un árbol que permite al sol iluminar su cara. El balón está ovalado. Es el clásico balón de gajos, blancos y negros, desgastados por el juego y que ahora, son de un mismo color. Con ese balón, el único, se juega todo. En segundo plano hay un partido, amarillos contra blancos y una portería oxidada. El potero, también descalzo, observa una jugada bajo nubarrones de tormenta que contrastan con las líneas de cal limitando la alegría, al campo verde y esperanzador. La fotografía tomada en 2012 por el británico Ben Curtis (AP), fue titulada “Primer amor” en el reciente número de la revista FIFA Weekly. La edición sugiere que el joven africano no tiene más cariño que el de FIFA y el futbol. La instantánea de Curtis, ganador del premio World Press en 2005 por su cobertura de la violencia post electoral en Togo y que ha retratado conflictos en Medio Oriente y África los últimos años, es utilizada para ilustrar el corrupto programa “Football for Hope”, que tantos votos acarreó traficando con el futbol como herramienta de desarrollo en el tercer mundo. A vuelta de página, Blatter escribe su columna titulada: “El mejor equipo”. Habla sobre Brasil del 70 y los adelantos comerciales de aquel Mundial: el patrocinio Adidas en el balón, transmisiones vía satélite y a color. Dedica las mejores líneas a la Copa Jules Rimet: “Unos ladrones la robaron y fundieron”. Y al final, escribe de Tostao: “Tras su retirada, trabajó como médico y periodista, demostrando que la vida, no se acaba al colgar las botas…(¿?)”. Blatter en estado puro.

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