Cartas oceánicas

Presuntos implicados

El futbol vivió durante las últimas veinticuatro horas, una de las jornadas más fraudulentas de su historia. La prensa internacional daba cuenta el mismo día, cómo el presidente de la FIFA, el de UEFA y el mejor jugador del mundo, resultaban implicados en procesos abiertos por corrupción y delitos fiscales. Blatter, Platini y Messi, los personajes más influyentes del futbol mundial, coinciden por diferentes razones en un mismo punto: dinero. La justicia decidirá lo que tenga que pasar con cada uno de ellos.

En algunos casos las pruebas son rotundas y en otros como el de Platini, parece tratarse de un vendetta propiciada por terribles luchas de poder. Pero en términos generales, el mensaje es devastador. No se puede mantener el cariño y la confianza en un juego cuyos líderes han demostrado una codicia desproporcionada. En tiempos de recesión, manifestaciones civiles y descomposición social, el futbol no ha estado a la altura de lo que se supone, es un fenómeno humano. Una cosa es que su estupendo desarrollo comercial se deba al libre y enorme consumo que genera en todas partes del mundo y otra muy distinta, es que la ambición económica se haya convertido en el eje central de su existencia. Los casos de Blatter, Platini y Messi, son sólo la parte más visible de un negocio que no ha parado de crecer al grado de llegar a la usura y el enriquecimiento ilícito. Mentir, extorsionar y evadir impuestos, no son precisamente los avisos que deben dar los responsables de un deporte que toca los segmentos más sensibles de la sociedad. Ya no se espera que el futbol, pervertido en lo más alto de su gran mercado, sea ejemplar, educativo y solidario. Lo que se espera, por lo menos, es que sea una actividad legal.

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