Cartas oceánicas

La Premier huele a viejo

La conmovedora temporada del Leicester, una historia que recupera el valor de los viejos clubes de futbol, enseña el verdadero sabor de la Premier, una Liga que alcanzó popularidad en base a sus tradiciones y no a sus inversiones: mientras más dinero gastaban sus grandes equipos, peores resultados iban obteniendo. Los últimos 10 años del futbol inglés en torneos europeos, son desoladores. No solo por el número tan bajo de títulos alcanzados –tres, entre 20 ediciones de Champions y Europa League-, sino por la pobreza de su juego, el menos evolucionado de las grandes Ligas. El más que rudimentario estilo del Leicester, sólido líder de la Premier, deja claro el poco futbol que se necesita para ser campeón en Inglaterra. No hay ninguna revolución en su juego, ni ofrece evidencias de progreso. Todo lo contrario, el modesto Leicester traspapelado en un archivero, desempolva los principios que hicieron fuertes a clubes como el United: una profunda raíz de jugadores nativos, un gruapo templado junto a los aficionados y un buen corazón británico. Conserva las viejas y exitosas fórmulas del futbol inglés que tanto prestigio dieron a sus equipos. Si algo logró patentar la Premier fueron los sonidos y aromas de ese juego: lluvia, chimeneas, ferrocarriles, madera, coros de grandes hombres, canciones sobre grandes nombres, cerveza, pasto, y sudor. Para saber a qué olía su futbol, solo nos hacía falta imaginar la niebla cayendo sobre un estadio. Con ocho puntos de ventaja y siete partidos por jugarse, el primitivo Leicester, un cuadro curado en fango, pone en evidencia la falsa modernidad de la Premier en relación a su multimillonario futuro. Al proverbial futbol inglés le hizo mucho daño el sabor del dinero.  

 

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