Cartas oceánicas

Póliza contra la "saudade"

Eusebio, Paulo Futre y Cristiano Ronaldo encabezan los últimos 60 años del futbol portugués, a partir de estos tres hombres, Portugal fue hilvanando grandes generaciones de jugadores que formaban estupendos equipos de futbol. La lista de actores secundarios es poética, por ella pasaron nombres como Torres, Nené, Figo, Rui Costa, Joao Pinto, Simoes, Deco, Nuno Gomes, Pauleta o Simao. Sin embargo, los portugueses nunca terminaban por rematar el inmenso talento que representaba su juego con la consecución de títulos importantes. Una extraña sensación se apoderaba de su selección cada vez que le colgaban la etiqueta de favorita. Parecía que la obligación de ganar, les impedía mantener un estilo capaz de llevar el futbol a niveles de alta calidad. Sus selecciones juveniles, sin ninguna presión, ofrecieron durante años muestras constantes del dominio que este pequeño país tenía sobre la pelota. Pero al llegar a situaciones límite, Mundiales o Eurocopas, Portugal sufría jugando bien al futbol, que era lo que mejor hacía. Ese choque cultural entre sus ritmos de juego y su anemia competitiva, causaba terribles depresiones en sus equipos nacionales. Los líderes formaban grupos, los entrenadores eran cuestionados y los grupos se partían a mitad de cualquier torneo. Así que decidieron entregarse a la resistencia del juego, una corriente que huye del arte y el sentimiento, elementos propios de su futbol, para conseguir un título que imprimiera fortaleza a su futuro. La Eurocopa de Francia es una póliza para escapar de la saudade, que distingue al melancólico juego portugués a través del tiempo. Un país que dio vida a magníficos futbolistas, logró ganar algo el día que sus futbolistas se comportaron como reclutas. 

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