Cartas oceánicas

El tal Pérez y el tal Hernández

Javier Hernández y Sergio Pérez son parte de una generación que contraria a ellos, tiene distinta concepción del éxito. El piloto y el delantero han sufrido durante los últimos dos años burlas por su necedad y su locura. Van contra corriente y eso, es cualquier cosa menos mediocridad. A Hernández se le cuestiona todas las jornadas que se aferre al United, que no sea la estrella que les vendieron y que su juego, para la mayoría ramplón, no evolucione. Más de lo mismo contra Pérez, al que su traumática salida de McLaren le convirtió en blanco favorito de jóvenes aficionados que lo acusaban de insolente, caprichoso y presumido. Ni el tal Hernández ni el tal Pérez, han podido ganarse un sitio en los exquisitos gustos de esta generación de aficionados. Por lo visto acostumbrada a ver cantidad de mexicanos en equipos europeos como United, o corredores capaces de subirse al podio en la temporada más caótica de la F1. Sin embargo el piloto y el delantero continúan ahí, trepados en su éxito, el que consideran suyo, de nadie más. Porque el éxito no es inmediato, no es un momento, como tantos jóvenes creen. Ni tampoco es obligatorio dedicarlo o compartirlo con alguien que no sea su familia, o su equipo. Mucho menos en el caso de estos deportistas tan cuestionados, tan silbados. Si Hernández no sale goleador en la Premier o Pérez campeón del Mundo con Force India, para esta generación, donde abundan los Pérez y los Hernández, habrán fracasado. Una tristeza que la carrera de ambos sea juzgada constantemente por algo tan subjetivo como el concepto afición, un organismo que siempre cree tener la razón, sobre todo en las derrotas y que se siente dueña de un piloto y un delantero, para educarlos en eso, a lo que llaman éxito.

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