Cartas oceánicas

Perdemos un amigo

Inglaterra como pocos equipos en el mundo tiene el don de perder con dignidad.

El honor para el futbolista inglés es un valor que se aprecia más en la derrota que en la victoria. Son muchos años los que llevan sin ganar nada. Nada. Ni Mundiales ni Eurocopas. Es uno de los grandes misterios del futbol porque de alguna manera, siempre es un placer ver perder a esta selección. Puede jugar mejor o peor, incluso parecer un equipo menor que utiliza el disfraz de la historia, pero asume con integridad cada minuto de juego. Nunca entregó un partido. Con esa terquedad tan particular cuando todo está perdido, se gana el respeto de su tribuna y del rival. Siempre sale aplaudida. Esa es su principal seña de identidad, jugar contra Inglaterra es una prueba de caballerosidad. Jamás veremos un fanático inglés silbando a su equipo. Es parte de su liturgia. Alrededor de Inglaterra se levanta la Liga más poderosa del mundo que ha fomentado el crecimiento de muchos futbolistas que hoy, son las grandes figuras del Mundial. Luis Suárez por ejemplo, que por debajo de la casaca celeste lleva el pellejo rojo, causó un gran dolor y al mismo tiempo fue un orgullo para los aficionados del Liverpool. El mejor jugador de la Premier los venció con carácter. El partido contra Uruguay como el de Italia, los dos grandes juegos del Mundial, tienen en común a Inglaterra. Siempre al frente, a remolque, vertical. Sin detenerse a mirar el marcador ni discutir el arbitraje. No podemos decir que la mentalidad inglesa, como la alemana, sea ganadora. El número de títulos lo dejan claro. Lo que podemos asegurar es que la mentalidad inglesa homenajea la palabra derrota. Las matemáticas lo están echando y frente a eso la nostalgia: perdemos un amigo. 

 

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