Cartas oceánicas

Pelé: la copia del hambre en papel carbón

Sube al autobús en Tres Coraçoes obligado por Valdemar de Brito, visor playero que lo vende en Sao Paulo a precio de kilo. Poca cosa, llegó a Santos con el costillar calcado al pellejo. Era la copia del hambre en papel carbón. Debuta con 15 años y la gente se asusta cuando el niño encerrado en la piel negra de un monstruo, manda callar el estadio. Con 16 es convocado a la selección. Copa Roca en Maracaná. Argentina y Brasil juegan su match-ball anual. Pelé marca el gol del triunfo al equipo de Maschio y Sivori; aquellos gauchos. Un año después juega el Mundial. Suecia, junio de 1958. Sin transmisión en vivo ni tv a color, la Final del campeonato viaja en barco. Cintas de 8mm y fotografías del partido dan la vuelta a la tierra llegando a todos los despachos de prensa que alarmados, imprimen la delgadita estampa de un negro que había acobardado vikingos, sometido Escandinavia. Brasil gana su primer Mundial. La búsqueda del nuevo Pelé, el niño que escapa del hambre para volverse Rey, con el tiempo se vuelve un patrón de consumo. A partir de ese día el anuncio del sustituto en favelas, barracas, potreros o praderas africanas, forma parte de la novela del futbol. La imagen de Pelé se reedita años después cuando un desafortunado niño argentino con la cara enlodada y la pelota en los pies, aparece en televisión con voz suavecita y cortada: “Mi primer sueño es jugar un Mundial y el segundo, salir campeón con Argentina” El famoso sueño del pibe Maradona lo cumple cabalmente. Brasil y Argentina desencadenan el éxodo más grande en la historia del deporte y así, llegamos a Messi. Otro niño latinoamericano con problemas de crecimiento que descubierto por cazatalentos, es alimentado, criado y fotocopiado en una Masía.   

 

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