Cartas oceánicas

Paso a paso

Entre los 100 metros planos y la maratón, Berlín archiva un buen documento de nuestra evolución. Ambas pruebas, inalcanzables en tiempo por la mayoría de los mortales, ofrecen pistas para descubrir hasta dónde puede de llegar el cuerpo humano. Los 9.58” de Bolt en el Campeonato Mundial del 2009 y las 2h 2m y 57s del keniano Dennis Kimetto en la Maratón de ayer en Berlín, son registros fuera de toda norma. La marca más antigua que se conoce en los 100 metros pertenece al norteamericano Luther Cary con 10.8 en 1891. Pero la primera reconocida oficialmente por la IAAF es de Donald Lippincott, 10.6 en 1912. En Berlín 1936 Jesse Owens hizo un 10.3”. En México 1968 el estadunidense Jim Ray Hines superó por primera vez la barrera de los 10 segundos, corriendo los 100 metros en 9.95”. Su tiempo, hoy visto desde otra perspectiva, fue considerado una de las grandes hazañas del género humano. El hombre que nunca había sido tan veloz, un año después pisaba la luna. Fue una época de límites. A partir de Luther Cary, se rebajó el tiempo 1.22”. Literalmente: ciento veintidós centésimas en ciento veintitrés años. Podríamos decir que de Cary a Bolt, el hombre apoyado por la tecnología y la medicina deportiva, se volvió una centésima de segundo más rápido cada año. Pero es una conclusión inexacta, sin ninguna base científica. La evolución en la maratón es más drástica. El griego Spyridon Louis, corrió la maratón de Atenas 1896 en 2h 58m 50s. Dicen que Spyros se detuvo en el kilómetro 34 a beber un vaso de vino; antes se había detenido por leche, una cerveza, un chocolate y una naranja. Un siglo y 18 años después, Kimetto promedió 2m con 55s por kilómetro. Un gran paso para este hombre, un pequeño salto para la humanidad . 

 

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