Cartas oceánicas

Pasión por la derrota


Cuando las buenas historias las escriben los perdedores, más que historia, es cultura. Las últimas semanas hemos disfrutado viendo a los entrañables Chicago Cubs, batallar contra sus maldiciones. Una franquicia emblemática que ha construido su grandeza, porque la tiene, en base a maravillosas derrotas. La necrología de los Cachorros forma parte de los grandes misterios del deporte: probablemente sea el único equipo en todo el mundo que se volvió más importante perdiendo, que ganando. Sin embargo, nadie puede decir que es un equipo sin estilo, sin personalidad, ni solera. Su leyenda es genial, una franela icónica. El beisbol, conserva esa magia hogareña que se ha perdido en muchos deportes. Como ningún otro, vive de sus tradiciones, anécdotas, juramentos, fábulas e inscripciones. Es un deporte hereditario. Alrededor de sus campos todavía son más importantes los muertos que los vivos. Hay un respeto inusual entre jugadores, aficionados y medios, por los antepasados del gran pasatiempo norteamericano. Quizá sea por esto: que el beisbol más que un deporte sigue siendo un momento para pasarla bien, que la singular historia de Cachorros haya sobrevivido tantos años manteniendo la pasión encendida aún en la cotidiana y maldita derrota. No existen jugadores ni aficionados felices bajo la condición del perdedor, pero ser un pedazo de la obstinada cultura de Chicago Cubs, es un orgullo para mucha gente. Ofrece originalidad, reafirma la identidad y convierte al seguidor en creyente cada temporada. Este tipo de relación entre un equipo y su pueblo, no tiene precio. Idolatrar a los ganadores es cuestión de oportunidad, hay muchos campeones paganos, pero seguir a los perdedores sin fortuna, es devoción, cuestión de fe.

 

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