Cartas oceánicas

Osorio el mexicano

Sin la presión del debutante ni la novedad del forastero, Juan Carlos Osorio empieza a formar parte del paisaje. Ha dejado de ser noticia por su pasaporte colombiano y ahora lo es por su cédula de entrenador. El partido de esta noche será una buena prueba porque lo mexicaniza por completo: una convocatoria polémica, una selección desconocida, una fecha fuera de calendario, una taquilla en dólares y un rival de alquiler. Este tipo de juegos caen muy mal. Al día siguiente parecen inofensivos, pero a largo plazo, cuando forman parte de la estadística, se vuelven en contra del entrenador. Todos los partidos de selección traen consecuencias, los amistosos, los oficiales y los turísticos. Estos últimos están llenos de seleccionados momentáneos, jugadores manoseados y resultados trampa: Ganarle a Senegal es normal, golearlo es obligatorio, empatar es ridículo y perder es una tragedia. Llamar selección a cualquier equipo tiene efectos secundarios en el medio y la afición. Pero este es el trabajo que aceptó Osorio, entrenar un cuadro que siempre está en preparación y casi nunca en competencia. El riesgo está en volver a desgastar la figura del entrenador, a José Manuel de la Torre y Miguel Herrera, por citar a los últimos canallas, los echaron los partidos oficiales, pero fueron los partidos amistosos, los que más les desgastaron. Porque tantas pruebas generan dudas y solo la competencia arroja certeza. Osorio, que ha llegado a México con muchas ilusiones y grandes planes, deberá evitar que los partidos intrascendentes y las convocatorias invisibles, afecten su credibilidad como entrenador. Si en algún momento hay un partido que no cumple en tiempo y forma las normas básicas de calidad, sería bueno que lo dijera.  

 

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