Cartas oceánicas

Osorio: el medio y el miedo

Cuatro cuestiones dominaron el debate los últimos días: qué ha ganado, cómo fracasó en Puebla, para qué sirve un colombiano y cuánto cobra. El análisis sobre Juan Carlos Osorio, frívolo, es característico de un medio proteccionista, populista y localista. El medio, lleno de entrenadores de pizarrón, ex jugadores de televisión y comentaristas al sonoro rugir del cañón, sin generalizar, está convencido que entregar el virginal cuerpo de la selección a un extranjero cualquiera, es invasión a la intimidad. Una inmoralidad. Si alguien tiene que abusar de la beata selección, jamás profanada ni explotada, que sea un mexicano y así las cosas, quedarán en familia. Porque dos conceptos intocables, siguen superando a nuestro escrupuloso medio: el futbol mexicano es un matriarcado y la selección, es la Patria. Todo gira alrededor de ella. Osorio, que llega para meterle mano al “equipo de todos”, es una elección razonable. No tiene los pergaminos de un entrenador consagrado, pero dirigir a México, tampoco ofrece títulos nobiliarios. La relación es un contrato: ambos tienen la oportunidad de ganar algo. Seguidor del futbol europeo, investigador de campo, analista en sistemas y coleccionista de movimientos, conoce de memoria alineaciones, funciones y posiciones, que modificaron el juego los últimos años. Es un técnico actualizado, principal ventaja sobre un medio que necesita reprogramarse. La única duda, también razonable, es saber si los fundamentos de su método contrastado en clubes, basado en mecanizaciones, rotaciones y repetición en juego, lo que él llama memoria operativa, puede funcionar dirigiendo un grupo de jugadores que se reúne ocasionalmente. El miedo de Osorio no es dirigir a México, es dirigir una selección. 

 

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