Cartas oceánicas

Osorio: culpable por dirigir a México

Los próximos días, el futbol mexicano volverá a someterse, otra vez, a un juicio sumario. Dos alegatos dominarán el proceso; el reduccionista: que seguirá culpando de los siete goles a las rotaciones de Juan Carlos Osorio; y el fundamentalista: que buscará en las oscuras cavernas del futbol mexicano las causas de la derrota. En ningún caso, como es costumbre en la historia de la selección, se apelará al talento de juego del rival, al verdadero nivel de nuestros futbolistas en el mundo, y al nulo desarrollo de los entrenadores mexicanos en el futbol internacional. México considera que sus jugadores y equipos, están para jugar dónde sea y ganarle a quién sea. Esto es una gran mentira, comprobada de diversas formas a lo largo de más de un siglo de futbol profesional en el mundo. El mexicano, en sus mejores momentos, ha sido considerado un futbol emergente, pero de esa categoría no ha pasado. Hasta hace muy pocos años, hablar de jugadores nacionales en equipos europeos como una constante del mercado, era imposible. Hoy, Europa es el principal destino de nuestros futbolistas, pero esto no quiere decir que sean mejores que los chilenos, colombianos, uruguayos, brasileños y argentinos, que siguen superándonos, por mucho, en cantidad de exportaciones y calidad de juego. México, apenas se ha sumado al contexto internacional. Le queda un buen número de tareas pendientes antes de considerarse un futbol dominante y triunfador. Una de ellas, y quizá las más elocuente, es el desarrollo de entrenadores. Son los técnicos, los principales promotores de un estilo, pero ninguno parece tener opciones de dirigir fuera, porque a nadie le interesa contratar entrenadores sin ideales. Culpemos a Osorio por aceptar dirigir en México. 

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